Más bicho que ser humano

No estaríamos muy equivocados si decimos que muchas veces lo que más nos moviliza es el morfi. Después de todo, miles de señales empiezan a generarse en el cuerpo cuando tenemos hambre. Pero hoy vengo a contarles algo bastante más profundo y sorprendente.


No vivimos solos. Aveces nos identifican como personas físicas o individuos únicos, pero no hay nada más alejado de la realidad. Nosotros, como individuos, con todo lo malo y lo bueno, las habilidades y terrores, los vicios y tentaciones, somos un conjunto de mucho más que un cerebro consciente. Dentro nuestro chasis habitan millones de compañeros bacterianos que tal cual a un sindicato con poder, pueden poner en jaque a cualquier organización. Somos más bicho que humano y por cada célula humana hay 10 bacterianas.

Para sorprenderlos aún más, desde que nacemos , millones de bacterias empiezan a colonizar nuestro intestino. Salir de la panza de mamá es como introducirse en el Amazonas sin repelente para mosquitos. Pero las exploradoras que empiezan a establecerse en nuestro cálido intestino no están para crear conflictos. Después de todo, el mundo es un lugar dificil y que mejor que sacar un préstamo de por vida para una buena casa en donde lo único que tengamos que hacer es trabajar para asegurarnos el lugar.  Ellas terminan desempeñando un papel fundamental para mantener la salud física pero, además, podrían tener mucho que decir en la personalidad. Modifican el estado emocional, influyen sobre la memoria, el estado de ansiedad e incluso serían clave a la hora de elegir compañía sexual, como apuntan estudios con animales. Sin ellas no seríamos quien somos.

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A todo este conjunto de trabajadoras inagotables, les denominamos “Microbiota humana” y su poder genético o “Microbioma humano” es impactante. Tenemos más ADN microbiano que humano, las 24 horas del día, los 365 días del año. Ahora, ¿que tiene que ver todo esto con el cerebro y con ser individuos únicos?

Desde hace décadas tenemos indicios de que los bichos que habitan nuestra panza influyen sobre nuestra salud. Si pensamos en frío tiene mucho sentido (ojo con la rima eeh). Ellas están ahí tratando de sobrevivir y como en una simbiosis hermosa nosotros le damos nuestra panza de cada día como hogar y ellas trabajan procesando muchos de los nutrientes que les enviamos. Podríamos pensar que más que un simple servicio terciarizado son un importante centro de distribución de nuestro organismo.

De más está decir que hay mucha gente de bata (la del laboratorio claro) trabajando en esto, confirmando lo ya reconfirmado para poder utilizar estos conocimientos en la vida diaria. Imaginemos que el nutricionista o medico del futuro nos diga: “empeza a comer más verdura para reducir a tus amigas lactobacilus y bifidobacterias, no queremos que tengan tanto poder”.

Pero hay mucho más detrás de la historia. La microbiota humana tiene mucho más para contarnos y alertarnos (sobre todo a las instituciones de salud públicas).

Se ha acumulado evidencia sufiente en estudios preclínicos para pensar que la microbiota intestinal puede modular la actividad cerebral y el comportamiento.

La depresión no escapa de esta observación: datos originados de estudios con animales sugieren que la microbiota intestinal puede tener impacto sobre las características neurobiológicas de la depresión. Algunos estudios han demostrado que cuando la microbiota es trasplantada de un animal estresado a uno sano, este puede alterar significativamente su comportamiento” (Felix Moronta – Blog)

No solo eso, algunos estudios en personas sanas comienzan a sugerir que el consumo de prebióticos y probióticos puede afectar positivamente el humor y la ansiedad. Este tipo de alimentos comienzan a conocerse como psicobióticos.

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Investigadores irlandeses llevaron a cabo un experimento muy muy curioso y hasta bastante asqueroso. Su estudio consistió en realizar trasplantes de heces desde pacientes depresivos hacia ratas sanas. Los resultados y las conclusiones fueron publicados en la revista Journal of Psychiatric Research en julio de 2016.

Félix Moronta Blog – Diseño del experimento

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Los investigadores descubrieron que las ratas trasplantadas con heces de pacientes con depresión evitaban los espacios abiertos, eran menos capaces de memorizar laberintos y mostraban menos interés en consumir azúcar. Básicamente, las ratas se pusieron tristes.

Estos resultados demuestran que se puede inducir un comportamiento depresivo en ratas trasplantando la microbiota de pacientes que sufren de depresión y resalta la importancia de esta comunidad bacteriana en el desarrollo de esta enfermedad mental. Además, los irlandeses sugieren que enfocarse en la microbiota pudiera ahora ser una nueva estrategia antidepresiva y  preventiva en contra de la depresión.


Asi que ya tenes otra anécdota para contar en el bar, si ves a un amigo triste, podes decirle que coma mucha fibra, y en general mucha fruta y ensaladas. Ellas seguirán allí, desarrollándose o muriendo en función de lo que comamos, pero nada va a ser gratis por su puesto: si no comemos bien, ellas dejarán de trabajar y los efectos de esa vagancia sin dudas nos van a afectar.

Saludos!

Fuentes:

 

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